...Una de las mas bellas tardes tocaba su fin en San Antonio, aquel tradicional barrio de Cali que personificaba fielmente las expresiones populares de una ciudad colonial que comenzaba a dilatarse en torno a su Plaza Mayor; aquel barrio que una vez se convirtio en refugio de artistas e intelectuales generadores de una contracultura vanguardista que se vivia en la ciudad en los años 70´s y 80´s.
sobre el inmenso valle del río Cauca, empezaba la noche a extender su ala misteriosa; la ciudad alla en lontananza, como una gigantesca mancha negra perdida en el crepusculo nebuloso, se sumergía en una tenue penumbra de la que aun se podian ver perfilados en el horizonte, siluetas de grandes edificios, columnas de capitolios, fronteras de campanarios y frondosos y majestuosos arboles mecidos a merced del viento, flotantes como ensueño.
el sol se sepultaba al ocaso, en una como apoteosis de colores, parecia un globo de fuego, y con el fulgor postrero de la tarde , iluminaba tibia y melancolicamente los altos cerros de la cordillera occidental, tras la cual el astro rey se despedia de la ciudad para irse a dormir en los brazos del mar, abriendo paso a la algidez nocturna. con su postrimero rayo de luz, penetraba el solar de una alta y empinada casa llena de matas, pinturas y esculturas, bañando con su fulgor el rostro bellisimo de una preciosa niña que languidamente recostada sobre una ancha ventana y con la cabeza apoyada en mano derecha y presa de una espantosa tristeza, vislumbraba meditabunda y actitud hieratica, la magnimidad de las tres cruces sembradas firmemente en aquel cerro insigne de la ciudad y sobre las cuales las nubes vagaban desgarrandose en el firmamento y mas encendidas hacia el occidente parecian las llamaradas de u incendio rojizo que anunciaba las nupcias entre el sol y el mar del pacifico.
era la hora del cepusculo, en la que las aves se recogian al nido tendiendo sobre él sus alas entreabiertas, hora en que la colina se movia al compas de los arboles, era la hora en que las palomas se quejaban del furor y el bullicio de los visitantes, era la hora en que se veia levantar hacia el oriente una luna silenciosa y palida sotenida en el cielo como una hostia por las manos de algun sacerdote invisible...que esplendor, que majestuosidad de pasisaje¡¡¡
las viejas campanas de la igelsia tocaban ceremoniosamente el angeluz, invitando a todos los fieles creyentes, dispersos en las calles empinadas, en el lecho verde de la colina o simplemente refugiados en suscoloniales casas; con el tiempo la vibracion sonora de las campanas moria en la calma imperturbable del atardecer.
por dentro la capilla parecia un cielo palido y teñido de purpuras pinceladas, aparecian uno a uno los feligreses en torno a la lampara sagrada de la inmensa cupula del santuario, como mariposas brillantes de la noche al rededor de una luna melancolica, y en aquella suntuosa decoracion a travez del paisaje vesperal de San Antonio se recogian las gentes para tributarle culto a Dios, como los antiguos indigenas americanos que se inclinaban sobre el cristal de un lago para adorar la luna reflejada en él.
por fuera de la iglesia la colina empezaba a saturase de personas que venian de diferentes sitios de la ciudad para tener el placer de respirar un aire mas puro y denso que ofrecia la colina, y para avistar desde lo mas alto posible el espctaculo de luces que irradiaba la ciudad, tal como si reflejase una lluvia de estrellas en el cielo, aquella fiesta de luces alla abajo hacia eco alla arriba y ello se podia percibir en los paroxismales rostros de la gente.
los arboles eran testigos y cobijaban el amor de aquellos que preferian la soledad, lejos de la fiesta y la algarabia de las calles y plazoletas en donde el teatro callejero permeaba el corazon de las personas alienadas de sus problemas cotidianos.
los centros culturales teatros, talleres de arte y restaurantes recibian con atencion al transeunte incauto que buscaba algo de distrccion, aquellos sitios aun conservan el rasgo historico de la colonia que tanto atractivo le otorgo al barrio.
Al caminar entre sus calles uno podia ver asomarse a la ventana los rostros viejos de los ancianos cuyos ojos pintaban la mas viva curiosidad del alma.
la fresca corriente de los vientos alisios que descendian de la cordillera bañaban con sus suaves y aveces intensas brisas todos los rincones del sector. el empedrado era quiza una de las partes mas bellas y romanticas de San Antonio, esa piedra amarilla puesta artesanalmente evocaba tiempos pasados y disipaba de la mente el trafico vehicular que habia invadido casi todos los rincones de la ciudad;
Este era pues el cuadro paisajistico que la naturaleza podia ofrecer en estos momentos, jamas pude apreciar algo diferente,
